Por qué soy profesora

Enseñar-aprender

Mi papá y mi hermano fueron profesores. Estudié en la Escuela Colombiana de Ingeniería y en cuarto semestre mi profesor de programación de computadores era un señor que sabía mucho y era un completo caballero. Le dediqué mucho tiempo a la asignatura y me encantaba trabajar en ella. Luego fui monitora por tres años y se me facilitaba explicarles a los estudiantes. Yo vivía al otro extremos de la Escuela Colombiana de Ingeniería, es decir a hora y media o dos horas de camino. Salía de mi casa a las 5:00 a.m. y regresaba en la noche con mis compromisos académicos casi siempre al día.

Creo que desde entonces me empezó a interesar la docencia. Cuando terminé la carrera el Rector me propuso que me quedara como profesora de planta, eran otros tiempos. Acepté y a los cuatro años salí del país a hacer una maestría. Regresé en junio de 1995 y sigo en la Escuela.

Me gusta ser profesora porque se me facilita y porque creo que puedo aportar a la sociedad contribuyendo a la formación integral de ingenieros, es decir, no me ocupo sólo de la asignatura sino de la formación del estudiante como miembro de la sociedad y como futuro profesional. Le dedico mucho tiempo a mi labor y lo hago con gusto.

Permanentemente, creo material didáctico y los estudiantes y profesores colegas me dicen que es bueno. También me gusta participar en proyectos de innovación educativa. Esta foto hace parte de la última experiencia que tuvimos en una aula diseñada especialmente, con mesas cuyas superficies son tableros.

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Ser profesora conlleva una gran responsabilidad social. Para serlo se requiere vocación, mística. Infortunadamente, a veces profesor es cualquiera, algo malo de la masificación de la educación superior.

Me identifico con lo que dicen los colegas chilenos en este video: